Selva Almada: “Puerto de Ideas es un festival con mucha vitalidad”

10 noviembre, 2018 8:02 pm Publicado por Vale Viancos | Deje sus pensamientos

La destacada escritora argentina Selva Almada participará en el Festival Puerto de Ideas Valparaíso 2018 con la actividad “Tres voces y una tribu. Literatura joven latinoamericana”, junto a María José Navia (Chile) y Carlos Manuel Álvarez (Cuba).

Almada x Agustina Fernandez 3

Créditos fotografía: Agustina Fernández

Su primera novela El viento que arrasa (Mardulce, 2012) fue destacada como la novela del año por la Revista Ñ, del diario argentino Clarín. Su crónica Chicas muertas (Random House, 2014) visibilizó tres femicidios ocurridos en distintas provincias argentinas en los años ‘80. Su último trabajo El mono en el remolino (Random House, 2017) escribe notas vivenciales sobre el rodaje de la película Zama, de Lucrecia Martel.

La escritora argentina Selva Almada visita por primera vez Valparaíso en el marco de la octava versión de Puerto de Ideas, espacio donde nos comenta que está muy “sorprendida con el Festival y todas las actividades que hay. Son todas muy interesantes y la jornada de inauguración estaba llenísima. Es un festival con mucha vitalidad, con mucha vida”.

Su participación en la actividad “Tres voces y una tribu. Literatura joven latinoamericana”, donde compartirá escenario con María José Navia (Chile) y Carlos Manuel Álvarez (Cuba), busca conocer los puntos comunes entre los distintos países que conforman la región, sus diferencias y desafíos.

–¿Cómo es escribir en Argentina?
–Creo que es bastante parecida al resto de escritores y escritoras de Latinoamérica, una realidad donde no solamente con la escritura podamos sobrevivir. Argentina está atravesando una crisis económica, política y social muy fuerte y esto impactó de lleno en las editoriales y en la venta de libros. Son momentos difíciles. En general los escritores y escritoras en Argentina no vivimos solo de los derechos de autor de los libros, es bastante común que tengamos talleres literarios, lugares de escritura, donde trabajamos con gente que está empezando en la escritura o que tiene un libro para corregir. Los talleres allá son lugares de circulación de la escritura muy importantes, así que en general la mayoría trabajamos en dar talleres.

–Ese sería entonces uno de los principales desafíos del escritor/a latinoamericano/a
–Creo que sí. En Argentina con un grupo de escritores formamos una especie de grupo que se llama “Unión de escritoras y escritores”, donde el planteo principal es reivindicar al escritor como trabajador. Tiene que ver con eso también, hay un montón de tareas gratuitas que hacemos los escritores, por lo que debemos empezar a subvertir esas cosas, que se sepa que si un escritor va a dar una charla, es un trabajo, y debería tener honorarios por eso, presentar un libro es un trabajo, escribir una contratapa es un trabajo, o escribir una columna de opinión en un diario, también es un trabajo. Son cosas que usualmente se nos pide a los escritores y que no se paga. Creo que es una situación similar las que viven en otros países de la región.

–¿Sobre esto conversarán en “Tres voces y una tribu. Literatura joven latinoamericana”?
–Sí, hablaremos sobre cómo se escribe en Latinoamérica, qué cosas nos unen, que cosas nos separan. La idea es que sea un diálogo, que charlemos entre los tres sobre estos temas y otros que vayan surgiendo. A veces vas a ferias y festivales donde el público es muy participativo, donde siempre quieren preguntar, o vas a auditorios donde están más callados o más tímidos. No sé cómo será el público de Valparaíso, espero que tengan ganas de participar y preguntar, porque cuando estamos en mesas meramente expositivas es un poco aburrido en cierto punto. Sería interesante escuchar aquello que tienen para decir, tanto lectores como potenciales lectores, porque la circulación de libros entre los distintos países es muy difícil, pero si se van con ganas de conocer más a quienes estuvieron en la mesa, es importante generar esa curiosidad.

Selva-Almada

CRÓNICAS

–¿Qué te inspira para escribir?
–Muchas veces el disparador de los relatos son cosas que me cuentan, anécdotas que me llaman la atención y que después empiezan a germinar despacito y se transforman en una historia; a veces son cosas que veo, que de alguna manera me interpelan; y a veces aparece como una situación muy pequeña, muy climática, y a partir de ahí empiezo a tirar del hilo y ver qué sale, qué más hay abajo, pero no hay algo puntual que me inspire, siempre son distintas cosas y en general estímulos de la realidad, cosas que veo, que escucho, que leo, cosas que puedo leer en el diario y que me parece que puede haber un relato interesante.

–¿Me puedes contar sobre El mono en el remolino?
El mono en el remolino son notas sobre el rodaje de la película Zama, de Lucrecia Martel. Es curioso, porque no suelen escribirse este tipo de libros sobre el rodaje de una película. Lucrecia Martel es una directora muy importante de Argentina y de América Latina, reconocida en el exterior, que filmó esta película basada en la novela de Antonio Di Benedetto, también muy importante para la literatura argentina. Cuando iba a rodarse la película se les ocurrió convocarme para que fuera al rodaje y después escribiera algo sobre eso. Así surgió el libro, que podría considerarse una crónica de no ficción. Son relatos muy breves, impresiones de cosas que me llamaron la atención esos días que pasé mientras se filmaba la película, que además se filmó en varios lugares de Argentina. Entonces también está presente el tema del paisaje y las personas que habitan esos lugares. Se trabajó con muchos no actores, gente de los lugares donde se rodaba la película. Es un libro que me gustó mucho escribir y hacer. Es primera vez que hago un libro así, sobre una película.

–Pero tu relación con la crónica es más larga
–Sí, hace unos cuatro años escribí un libro que se llama Chicas muertas que es un libro de no ficción, sobre casos de femicidios en Argentina. Y después arranqué con columnas con el diario Perfil de Argentina. Y El mono en el remolino, que es otra manera de encarar la crónica. Chicas muertas es una crónica de investigación, lo que supone otro trabajo, mientras que El mono en el remolino era de transmitir las cosas que me generaban curiosidad durante el rodaje, mucho más vivencial.

–¿Cómo impactó en ti escribir Chicas muertas, un libro que relata fuertemente la violencia de género en Argentina en los ochenta, pero que lamentablemente sigue siendo un problema que vivimos las mujeres en la actualidad?
–Es el único libro del que todo el tiempo sigo hablando, aunque salió hace varios años, es un libro que sigue circulando un montón, justamente porque el problema sigue sin resolverse y en Argentina está cada vez más recrudecido el tema de la violencia contra las mujeres. El tema sigue siendo muy alarmante, tanto en casos de mujeres asesinadas como mujeres desaparecidas. Ahora hubo un caso de hace dos o tres días de una niña de trece años embarazada producto de una violación, desnutrida, que murió obligada a llevar adelante un embarazo en condiciones muy terribles de salud. Este año fue muy importante en Argentina el debate en torno a la legalización del aborto, más allá que no se pudo llegar a tener la ley, pero sí hubo un debate súper interesante donde se habla mucho del tema y se sigue hablando del tema

–Y que tuvo alcance internacional
–Sí, es que fue muy intenso, fueron meses de mucha actividad, donde distintos colectivos de mujeres salieron a poner la cara y el cuerpo al tema, las actrices, las escritoras, las artistas plásticas, hubo una gran convocatoria de parte de las mujeres artistas. Y más allá que no se logró la ley, sí se quitó el tabú que tenía el tema. Ninguna mujer que se hubiera hecho un aborto se animaba a contar que lo había hecho. Y el debate permitió decir que, si eres mujer o varón que no está de acuerdo con el aborto, seguro tiene una mujer muy cercana que tuvo que tomar esa decisión y someterse a un aborto. Eso quitó el peso social al hecho que tenía el “yo aborté”, así que eso fue lo más importante que creo que nos pasó en muchos años. Fueron meses muy intensos y emocionantes para haberlos vivido, para estar ahí. Tanto este tema como los de violencia de género entre más se habla de ellos, más se recrudecen. Es preocupante y urgente el asunto.


Tres voces y una tribu. Literatura joven latinoamericana
Centro de Extensión Duoc UC
María José Navia (Chile), Selva Almada (Argentina) y Carlos Manuel Álvarez (Cuba)
Valor: $2.000



Escrito por Vale Viancos

Periodista


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