Puerto de Ideas Valparaíso 2018: entrevista a Luna Follegati

16 octubre, 2018 8:53 pm Publicado por Vale Viancos | Deje sus pensamientos

Luna Follegati, historiadora feminista: “Se requiere de una ética que establezca nuevas formas de relaciones sociales basadas en el respeto e igualdad”

La octava versión de Puerto de Ideas tendrá a la corrección política como tema de unos de sus debates. Se trata de un concepto que se sostiene en la idea de que el lenguaje crea realidad y, por lo tanto, se hace cargo de la necesidad de evitar palabras o ideas que puedan ofender a algún grupo. En la última década se ha convertido en una idea polémica: “para algunos es el ethos de la revolución cultural progresista, para otros, el modo de censura en el mundo libre”. Luna Follegati, académica e historiadora feminista, junto con la psicóloga Constanza Michelson y el periodista y escritor Pedro Cayuqueo analizarán cuánto se puede regular el humor y otras prácticas sin caer en la vigilancia moral, y la censura como violencia disfrazada de rebeldía.

Corrección política: contradicciones de las buenas intenciones se realizará el sábado 10 de noviembre, en el Centro de Extensión Duoc UC, a las 10:30 horas.

Doctora en Filosofía con mención Filosofía Moral y Política, Luna Follegati es también experta en teorías de género y militante del movimiento SOL. Su interés por la política, tanto a nivel teórico como de investigación, provino de dos aristas: Por un lado, desde una reflexión y conciencia traspasada a nivel familiar, que se tradujo luego en la necesidad de complementar estas inquietudes en un ámbito más práctico, ya en la universidad. Así se vinculó tempranamente con organizaciones políticas de izquierda y espacios que tuvieron un amplio desarrollo durante la primera década de los años dos mil. “Desde el ámbito académico me ha interesado investigar acerca de las democracias contemporáneas. Este ha sido una motivación transversal que abordé desde mi tesis en el pregrado en Historia, como también en el magíster en Comunicación Política y Doctorado en Filosofía. El problema de la democracia puede ser comprendido y abordado desde una multiplicidad de aspectos y, por tanto, es necesario también aplicar una lectura y analítica variada para comprender su espesor. Actualmente estoy trabajando sobre democracia y feminismo: cuáles han sido sus cruces e implicancias y si esto es posible. ¿Cuáles han sido los cuestionamientos, preguntas y respuestas de la teoría feminista sobre la democracia?”.

¿Cómo puedes explicar en términos simples el concepto de corrección política?

Puedo acercarme al concepto a partir del feminismo y la recepción que el movimiento ha generado en términos internacionales y nacionales. Actualmente, el concepto de corrección política se ha situado en la palestra a partir del posicionamiento de demandas determinadas que solicitaban un trato más digno e igualitario, lo cual vendría aparejado con una modificación de pautas de comportamiento y conductas, como también de relaciones a nivel cotidiano y coloquial. El debate ha posicionado una producción sustantiva de opiniones en relación a la capacidad de “decir” o “hacer” en contextos determinados, llegando a catalogar ciertas medidas de “censura” o restricción de la libertad de expresión. A partir de un enfoque feminista es posible señalar que la realidad cotidiana, las prácticas sociales y el contexto cultural han fraguado una forma de relación donde las mujeres hemos sido históricamente marginadas de espacios, y violentadas tanto en lo público como en lo privado. Asimilar feminismo y corrección política, sería una forma reaccionaria de comprender al feminismo al concebirlo como si fuera una norma en la actualidad: en la práctica cientos de mujeres mueren asesinadas cada año. En este sentido, la política debe comprender también una forma de relacionarse distinta, que incluya la posibilidad de construir nuevos sujetos dotados de una voz política propia, no sólo centrarse en el problema de lo dicho o no dicho: se requiere de una ética que establezca nuevas formas de relaciones sociales basadas en el respeto e igualdad. La sociedad ha ido transformándose en el tiempo, y aquello que hace décadas parecía irrisorio para grupos racializados o mujeres, hoy no lo es. Apelar a que el feminismo constituye una forma de censura del debate y opinión pública –como lo señalan sectores conservadores– me parece que es una lectura que prefiere mantener y perpetuar formas de exclusión y violencia que han estado históricamente afincadas en lo social. Es la estrategia de Jair Bolsonaro y, sin embargo, es observable también personas progresistas, lo que muestra resistencias transversales al feminismo.

Luna-Follegati

Existe un debate histórico; la corrección política funciona como una revolución cultural o es censura en el mundo libre. ¿Qué opinas tú?

Creo que el concepto de corrección política como se ha posicionado públicamente, es un poco superficial. Seguir ocupándolo –en términos de dicotomías– merma la posibilidad de complejizar el problema. Desde mi perspectiva, una práctica política que pretenda contrarrestar las desigualdades también debe batirse en una práctica –cotidiana y concreta– de cómo eso se representa. En términos concretos, el problema central no pasa necesariamente por la censura o libre expresión, más bien, por la necesidad de transformar prácticas y formas excluyentes. En este sentido, una política progresista debe no sólo incluir a lo diferente o anormal, sino que también considerar cómo se establecen y conviven aquellas diferencias en un ambiente digno y de respecto. Hoy, bajo el surgimiento de perspectivas neoconservadoras, la radicalización de lo nacional o lo propio como un valor en sí resta la posibilidad de construir sociedades más juntas y de establecer una comunidad entre iguales. Por tanto, la corrección política no vendría a ser revolucionaria si no está aparejada con un cambio sustantivo de las relaciones sociales donde persisten violencias y exclusiones por el hecho de ser distintos, amparadas a su vez en diferencias materiales, de condiciones de vida.

En ese sentido, ¿a qué crees que se debe el auge feministas de los últimos dos años; la visibilización de la violencia en el contexto histórico presente?

Primero, es necesario recordar que el feminismo ha estado presente históricamente, a lo menos con un siglo de trayectoria que tiene momentos de visibilidad y otros de repliegue latente. En este sentido, el auge reciente se debe a una diversidad de factores. La visibilización de la violencia de género es uno de ellos bajo el entendido de que vivimos en sociedades donde la violencia hacia las mujeres no sólo es cotidiana, sino que se perpetúa como un continuo en nuestras vidas. Basta señalar las altas cifras de femicidios en América Latina y Chile –43 femicidios en lo que va del año según la Red Chilena contra la Violencia hacia las mujeres– para ejemplificar la forma en que la violencia de género adquiere su forma terminal, más brutal y explícita. El año pasado, la Corporación Humanas realizó una encuesta donde el 70% de las mujeres consultadas admite que la discriminación cotidiana le provoca malestar, y un 77,4% reconoce que la violencia contra las mujeres ha aumentado en el último tiempo. Las acciones estatales como las medidas institucionales se han vuelto insuficientes para responder a este tipo de problemas: es en la brecha entre la violencia y su respuesta donde el feminismo aparece como movimiento cuestionando y apelando a una voz conjunta. Por tanto, el auge del feminismo se percibe bajo una sincronía de situaciones que apelan a la condición de injusticia, desigualdad y opresión frente a la cual las mujeres responden de forma conjunta. La violencia de género es un ejemplo más de estas situaciones.

De acuerdo a la premisa “el lenguaje crea realidad” existe un álgido debate en relación al lenguaje inclusivo. Personas se oponen y se deslegitima ante la convención. ¿Cómo analizas este fenómeno?

Me parece que el lenguaje, al igual que la cultura, se va transformando con el tiempo. Increpar nuestro lenguaje, y las formas implícitas que conlleva su uso, es también parte de las revisiones que debemos hacer si pretendemos forjar lazos sociales igualitarios. Esto, porque el uso o no uso del léxico constituye una forma de visibilidad/invisibilidad de sujetos, y esa es la crítica que se realiza. En este sentido, no porque exista un uso histórico de una convención implica que siempre deba ser así. Chile en particular tiene una experiencia antigua de reforma y desafío a la convención a partir de la ortografía de Bello, que desafió por décadas a la RAE, lo que expresa que lo que nos muestran como inamovible no lo es tanto. Me parece que es pertinente tensionar los límites y posibilidades incluso de nuestro propio lenguaje subvirtiendo aquello que nos ha mantenido en un lugar secundario o invisibilizado. Si eso luego es recogido por la convención es otra cosa.

Corrección política: contradicciones de las buenas intenciones

Sábado 10 de noviembre

10:30 horas – Centro de Extensión Duoc UC

$2.000

www.puertodeideas.cl



Escrito por Vale Viancos

Periodista


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