Saskia Sassen: sobre cómo aplicar la teoría en nuestra realidad local

9 noviembre, 2015 7:59 pm Publicado por Pilar Higuera | Deje sus pensamientos

Por Pilar Higuera

Termina uno de los fines de semana más esperados del año en la región. No sólo en términos de panoramas, sino también por todo lo que sucede en torno al festival Puerto de Ideas, que este 2015 celebra su quinta versión. Charlas, obras, conciertos e instalaciones se tomaron la ciudad durante estos primeros días de noviembre y nuestro equipo estuvo a tiempo completo para contarles los detalles de este nuevo encuentro.

Este sábado, previo al inicio de una extensa jornada de actividades, tuvimos la oportunidad de conversar con una de las destacadas invitadas internacionales. Socióloga y profesora, Premio Príncipe de Asturias 2013 y autora de Expulsiones, su más reciente texto y razón por la cual nos acompaña en esta ocasión, ofreciendo una conferencia igualmente titulada “Expulsiones: una categoría de nuestros tiempos”. Saskia Sassen, sin saberlo, tiene mucho que decir respecto de nuestra realidad local.

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Fotografía de Jorge Villa para Puerto de Ideas Valparaíso 2015

¿Desde cuándo te tenemos por aquí?

Llegué ayer (viernes), pero me fui a Aurora, en Concepción, y de ahí vengo. Estoy muy interesada en lo que pasa allí. Se trata de un asentamiento sin derechos que es tierra hecha por terremotos, además, y hoy los quieren reemplazar por hoteles de lujo y shopping malls. Me pasé el día caminando con la gente y eso fue el momento cúlmine de mi viaje. Encontré un anclaje donde hay una población desplazada y me dejó muy impresionada. Quiero escribir sobre eso.

Es fascinante conocer cómo llegas a enterarte de cosas que están sucediendo acá, tan lejos.

Es que yo ya estoy conectada con una red de activistas, profesores, etc. De ahí que me invitaron y quise aprovechar esta oportunidad de viajar a Chile y visitarlo.

Hoy llegas a Valparaíso por otro motivo. Háblanos un poco sobre esta categoría de las expulsiones.

Bueno, de partida, hablo de toda una seria de fenómenos que no se puede decir simplemente son gente, expulsados. Pero cuando hablo de ellos como expulsiones, intento, por ejemplo, explicar cómo una condición familiar determinada puede adquirir momentos, actitudes tan extremas, que nuestras categorías de análisis no son capaces de captarlo. O cuando se trata de personas que nunca han estado en el sistema, que nunca han figurado en nada, y para denominarlos ocupamos la categoría de “desempleados a largo término”. ¡Es algo que no tiene sentido eso! No se trata de personas que tuvieron un empleo y lo dejaron. Son discriminados, que es otra condición mucho más radical y para la cual no podemos seguir utilizando este lenguaje blando. Las expulsiones también están marcadas, en este caso, por el problema de que son una parte minoritaria. La gran parte del sistema funciona bien y las ciudades están más hermosas de lo que jamás habían estado (que es obra de la gentrificación). ¿Qué pasa? Estos desplazamientos se vuelven invisibles. Es como si no estuvieran, porque no los vemos. El orden visual material nos cuenta una historia de progreso, avance, pero al borde hay una serie de espacios que realmente han sido abandonados. A mí lo que me preocupa es desarrollar un lenguaje que pueda retratar la condición extrema.

Toda esta condición de los desplazados suena mucho a América Latina.

No, en todas partes. En uno de mis libros, Ciudad global, cuento cómo en el centro de Tokio, cuando empieza su fase global, los de la mafia japonesa plantaron incendios y quemaron una cantidad de casas. Así fue como se movió a muchísima gente de esa parte de la ciudad para convertirla en lo que es ahora.

“Es una cosa sinvergüenza”, me dice Saskia, a lo que yo pienso en Valparaíso y en abril del año pasado. Previo a esto, me comentaba que se daba cuenta cómo muchos no captaban su tema en un principio, que al público le cuesta seguir el hilo. “Pero al final, ¿sabes qué? Lo comprenden”. Nuevamente, pienso, sin duda que sí.

¿Cómo crees que el conocimiento, el manejo de esta verdad sobre las condiciones urbanas de las ciudades, puede contribuir a que la gente tome acciones al respecto?

Creo que tiene que haber un nuevo tipo de alianza, por un lado, y un nuevo tipo de conocimiento. La gente debe, realmente, comenzar a hacer sus deberes. No ser naïf. Y no simplemente, en su desesperación, quedarse sentado frente al televisor viendo no sé qué. Tomar conciencia de que cada terreno, y ciertamente en lugares de valor, es una zona de combate. Que los van a tratar de expulsar, de una manera u otra. Hay una cantidad de dinero corporativo que está comprando terreno humano. ¿Cómo es eso? Lo compras en la forma de ciudad, de edificios, etc. Los chinos ahora se compraron en Nueva York un terreno lleno de fábricas muy pequeñas pero especializadas, que fabrican para el museo de arte moderno, para la ópera, de mucho valor. También hay un par de casitas modestas y tú te preguntas ¿y cómo los van a sacar de ahí? ¡Ya lo compraron! Y van a crear nada más ni nada menos que catorce torres y departamentos de lujo. Está pasando, y por eso hay que pensar la ciudad como un territorio, lo que significa trabajo duro. Ahora, los políticos tampoco están haciendo su trabajo, porque para entender estos sistemas complejos, no le puedes pedir a un financiero que te lo explique. Él va a hablar en su lenguaje que es incomprensible y parte de la crisis recae en ese problema.

¿Qué pasa con aquellos que, por añadidura y producto del desplazamiento, quedan también fuera de reflexiones como la de hoy, del tema que discutimos? Me da la impresión que es, quizás, otra variable de esta expulsión.

Es absolutamente cierto, pero partamos apelando a los que no están en esa situación y que sí tienen tiempo y no lo aprovechan. Nosotros tenemos esta misión. Para mí, cada libro escrito es un proceso de descubrimiento y soy de las que piensa que la cosa del «hacer» implica descubrir, no solo replicar. Hoy, toda la ciencia social está dominada por este problema. Hay muchos activismos obsesionados con cosas muy chiquitas, pero son muchos y eso vale. Es parte de una generación que está en vías de generar un cambio, ¡porque están interesados en el conocimiento! Entienden que las narrativas generales, genéricas no enseñan nada (y son además aburridísimas). Cuando hay una cosa que te interesa y te involucras, entiendes algo. Y con ese algo puedes crear tu propio puente a través de tu conocimiento de detalle y eso genera nuevos vínculos, redes. Así tenemos a obsesionados con las bicicletas, con la contaminación, obsesionados con el tráfico de mujeres. Esas me parecen iniciativas muy buenas. Hay muchos temas, entonces, pasando al territorio, que se deben empezar a relocalizar. Cada localidad debiese partir por sacar todas las franquicias. Fuera con Starbucks. Seguro hay una abuela italiana que sabe hacer un buen café y la comunidad, el vecindario, debería ayudar a promoverlo. Yo le digo a mis estudiantes: Si necesitas una mesa o una repisa, no vayas a Ikea. Anda diez cuadras al norte donde hay una comunidad de inmigrantes que sabe hacer esas cosas y encárgaselo a ellos. Te lleva diez minutos más pero estableces un contacto, cuestión que de otra manera no ocurre. La gente tiene que aprender de eso, así como lo hizo América del Norte, que aprendió de Latinoamérica. Antes nada, pero hoy cualquier pedacito de tierra lo toma alguien y planta algo verde. Son primeros pasos en trayectorias que van movilizando a gente que se necesita mutuamente. Y no es el romance de la comunidad, es el: “Ok. Yo necesito que te hagas cargo a las dos de la tarde de esto y a las cuatro de esto otro”. Práctica, organización. Eso fue lo fuerte del movimiento de ocupación en España. Fue trabajo duro y constancia. No solo ir a una manifestación un fin de semana. Eso es hacer lo social, y es algo que se ha perdido completamente.

Por acá abundan agrupaciones y centros comunitarios con estos ideales, pero faltan quienes se involucren. ¿Cómo reencantar a las personas entonces?

Pues que sepan que la respuesta está en la materialidad de las prácticas cotidianas y que dejen de creer que hacen mejor persiguiendo la idea de destruir el sistema financiero, que es una fantasía. Mejor vamos a limpiar este parquecito y a plantar estas verduras, que esos si son verdaderos pasos en trayectorias que conducen a algo, siempre. No es simplemente la cosa en sí misma. Las redes aparecen y es así como se va reconstruyendo el tejido social y cuando ya tienes un poco, la gente comienza a agregarse. ¿Cuáles creo que son las mayores reivindicaciones sociales? Cuando la policía local, que se la pasa persiguiendo a quien sea por cualquier cosa, porque luce como delincuente, luego se da cuenta que esta persona está haciendo algo, está ayudando a alguien. Tejido social es también tejido del imaginario. Pueden ser pequeños pasos, pero son esos los que importan. Ya verán.

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Fotografía de Jorge Villa para Puerto de Ideas Valparaíso 2015



Escrito por Pilar Higuera

Rata de biblioteca y consumidora compulsiva de té con miel. Bang bang, shoot shoot.


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